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El Origen del Purasangre árabe Leyendas y verdades
"Y esto, todos los criadores y jinetes y caballistas de este reino lo pueden
confirmar, que cuando se encuentra un caballo Arabe, o Berberisco, o
Napolitano, y se le importa en Inglaterra, su valor se hace inestimable,
todos lo quieren, y cuando se pone en venta, todo el mundo lo quiere
comprar, así que quién puede dudar de la calidad de estos caballos?"
Nicolás Morgan of Crolane, en "Perfection of Horsemanship", 1609.
Hay tanto escrito sobre el origen del purasangre árabe, que a primera vista
parece imposible sacar nada en limpio. El mito y la realidad están
entremezclados de tal manera que nadie, hoy, puede garantizar nada. Además,
casi todo se basa en la tradición oral, y esto tampoco facilita las cosas.
Dicen que el presidente Kennedy un día le contestó a un periodista "El mayor
enemigo de la verdad a menudo no es la mentira, deliberada y maléfica, sino
mas bien el mito, persistente y persuasivo."

Sobre el origen del purasangre árabe, lo mínimo que se puede decir sería que
es bastante difícil distinguir entre mito y realidad. Luego, como problema
añadido, resulta que el mito es tan bonito y suena tan bien, que a menudo se
nos antoja hasta más real y más creíble que la propia realidad fría y
racional.
Así, según una de las tradiciones más clásicas del mundo árabe, los
purasangres árabes descienden todos de los caballos de Ismael, el hijo de
Abraham. Dios le regala a Ismael cien caballos, que salen del mar y se
quedan a vivir en los alrededores de La Meca. Ismael los recoge y los guarda
en un corral, los hace criar y los monta, y es el primer hombre que monta y
doma el caballo. Esto lo escribe Hicham ibn Said ibn Kelbi, en "Al Kitab
Nasab al Khil", publicado en el siglo IX en Bagdad, y el autor recoge estos
datos de Mohamed ibn Saib, que los tiene de Abu Salah, que a su vez obtuvo
la información de Ibn Abbas, que vivía en tiempos del profeta.
Otros, como Ibn Hodeil al-Andalusi, que también se refiere a Ibn Abbas,
pregonan que todos los purasangres árabes son descendientes de Zad El Rakeb,
un semental procedente de las cuadras del rey Salomón, regalado a la reina
de Saba. Luego a este semental se le cruzó con dos grupos de yeguas. Primero
con yeguas de la tribu Wabar, descendientes de Umán, hijo de Lud, hijo de
Sem, hijo de Noé, y que es según esta tradición la familia de yeguas más
antigua y pura de todas, ya que su genealogía nos acerca prácticamente hasta
los tiempos del diluvio. Las otras yeguas, como no, son las hijas de los
caballos del corral de Ismael. Ibn Kelbi también se refiere a estos cruces y
cita una línea de un total de ciento cincuenta y siete ejemplares puros,
desde Zad El Rakeb hasta el siglo IX.
Más cerca de nosotros, León el Africano (nacido en Granada pocos años antes
de 1492) considera que los purasangres árabes descienden de caballos
salvajes, rápidos y muy ágiles, que viven en los desiertos árabes, desde
Siria hasta Egipto y el norte de Africa, y que se empiezan a domesticar en
tiempos de Ismael. Luego está la leyenda de las cinco yeguas de Mahoma, que
produce las grandes familias dentro de la raza pura, y luego, mucho más
recientes, estudios que intentan basarse en realidades arqueológicas y que
sitúan el origen del purasangre árabe mas o menos en el tercio norte de
Mesopotamia.
Los Caballos del Nejd
Cuanto más se busca y cuanto más se lee, más se encuentra uno con
contradicciones e incongruencias. El mayor de los mitos, el más difundido,
el más persistente, el más romántico también, quizás sea el que nos cuenta
que el purasangre árabe ha vivido desde siempre en la parte central de la
península arábica, en el Nejd, en lo que es hoy el desierto del Nejd.
Como un caballo ideal y casi invisible, vive en este desierto que se
describe como un paraíso, fértil y de clima suave hasta que una profética
maldición lo transforma en uno de los desiertos más duros y desolados del
mundo. En este lugar ideal y escondido vive el purasangre árabe y se
reproduce en un equilibrio perfecto con su entorno ecológico, esperando que
los nómadas lo descubran y domestiquen, en tiempos de Ismael. Luego, con la
llegada de Mahoma, y de la mano del Islam, el purasangre árabe hace su
entrada triunfal en el mundo real.
Bonito, sí, pero no hay ni una sola prueba arqueológica para confirmarlo.
Como mínimo, la mayoría de los historiadores se muestran muy escépticos, y
luego nuestro sentido común tiene sus lógicas dudas.
Zonas Geográficas
Cuál es, cuál podría ser, entonces, el origen geográfico de nuestro
purasangre árabe? La península arábica está prácticamente rodeada por el mar
: Mar Rojo, Océano Indico y Golfo Pérsico. Luego en el noreste, los ríos
Eufrates y Tigris, y en el noroeste, el Mar Mediterráneo terminan de
delimitar la región. Según los datos disponibles hoy, parece ser que es en
esta zona que nace y se forma el prototipo de nuestro purasangre árabe,
siendo su cuna con toda probabilidad la parte más septentrional de los ríos
Eufrates y Tigris, la parte norte de Mesopotamia, lo que aproximadamente
sería hoy el Kurdistán. En esta zona se ha encontrado un pequeño
bajorrelieve que nos enseña un caballo elegante al galope, y que data de
8.000 años antes de Cristo.
En 1.700 a.d.C., la pequeña ciudad-estado de Karkemish, en esta misma
región, a orillas del río Eufrates, ya es famosa por sus caballos.
Karkemish, a mitad de camino entre las ciudades de Alepo y Urfa, y muy cerca
de la actual Jarabulus, en la frontera entre Turquía y Siria, es en aquellos
tiempos el más importante mercado de caballos ligeros. Tenemos un escrito
del rey Aplachanda de Karkemish, en el que le informa a otro rey, cliente
suyo, que de momento no dispone de caballos tordos para venderle, pero que
sí le puede mandar caballos castaños, si lo desea, y que le avisará cuando
disponga de tordos.
Esto quiere decir que ya en aquellos tiempos existía una ganadería
organizada de alguna manera y con unos objetivos definidos, aunque estos
solo son el color de la capa, por lo poco que nosotros sabemos hoy.
El norte de Mesopotamia es durante muchos siglos la cuna de nuestro
purasangre árabe. En Ur, mucho más al sur, y también a orillas del Eufrates,
y más cerca del Golfo Pérsico, las primeras referencias datan del año 2.000
a.d.C.. Una tablilla del archivo del rey Bursin, de la tercera dinastía de
Ur, así nos lo indica. Esta tablilla de arcilla es un inventario de las
cuadras del rey y nos habla de alojamiento para setenta y ocho cuadrigas.
Referencias históricas
Hay referencias de caballos en Palestina a partir de 1.700 a.d.C., y en
Egipto a partir de 1.580 a.d.C. Una yegua momificada, encontrada en Egipto,
data de 1.440 a.d.C., y esta momia llevaba una silla con cincha y tiene una
alzada de 127 centímetros. La cabeza es típicamente árabe. El número de
vértebras es de 33 para el cuerpo y de 14 para la cola, y esto es también
típico para el purasangre árabe, que suele ser más corto que otros caballos,
proporcionalmente hablando, y tener alguna vértebra menos.
Estos son probablemente los restos más antiguos de un antepasado de nuestros
purasangres árabes actuales. El prototipo del purasangre árabe ya existe,
pero los beduinos del desierto, que con toda probabilidad ya lo conocen,
todavía no lo utilizan, y faltan siglos.
El historiador griego Heródoto, 450 años a.d.C., describe a los beduinos
montados sobre camellos, y Estrabón, al principio de nuestra era, escribe,
cuando nos habla de la península arábica : "No he visto caballos, que no los
hay por aquí, pero en su lugar se emplean camellos."
El poeta griego Opiano es uno de los primeros que nombra al caballo árabe,
cuando lo califica de excepcional para la caza, a primeros del siglo II.
También hay documentos que hablan de la importación de caballos nobles de
Egipto y de Mesopotamia. Y doscientos años más tarde ya se tienen caballos
en suficientes cantidades para la guerra. Marcelino Amiano, en el siglo IV,
comenta que "los Sarracenos atacan montados en caballos ligeros y pequeños,
pero inagotables", y añade que "gracias a sus caballos veloces y ágiles, los
Sarracenos parecen estar en todos los sitios al mismo tiempo."
Hoy se supone que los árabes, los pueblos nómadas de la península arábica,
empiezan a criar caballos a principios de nuestra era, quizás un poco antes.
En pocos siglos, consiguen, gracias a una selección esmerada, los más
fuertes, los más resistentes, los más ágiles, los más rápidos. Aquí y ahora,
uno se pregunta por qué empiezan tan tarde a criar, ya que parece impensable
que no conociesen la existencia de los caballos.
La razón del Desierto
El profesor Klijnstra, historiador holandés experto en este tema de los
orígenes del purasangre árabe, explica que hay dos razones principales : la
gran calidad de los camellos y los problemas de adaptación de los caballos
al entorno hostil y duro del desierto. Los nómadas tienen camellos de
montura y camellos de carga, mucho mejor adaptados a las privaciones del
desierto. Los caballos nobles proceden de zonas más templadas, y el desierto
solamente conoce extremos : calor intenso y heladas fuertes.
A principios del siglo XX, el número de potros que llegan a la edad de
adultos en el desierto es de menos de la mitad del número de potros nacidos.
Los más fuertes y más resistentes son los únicos que consiguen sobrevivir.
La selección natural es implacable, lo mismo para el hombre que para el
caballo, y esta selección natural es la que le da al caballo árabe su
extraordinaria dureza y resistencia. Con su fanatismo sobre la pureza de la
sangre, el beduino defiende a su caballo contra la introducción de sangres
inadaptadas o nocivas, y crea el primer purasangre, el caballo que será
simiente y origen de todas las razas de caballos ligeros del mundo. La vida
diaria en este medio natural tan hostil del desierto, donde todos dependen
de todos para sobrevivir, une el purasangre árabe al hombre en quien tiene
una confianza ilimitada y le da esta fidelidad incondicional que tanto le
caracteriza.
Cuando llega Mahoma, se encuentra con unos caballos que ya son famosos y
temidos en todo el mundo de su tiempo. Las tribus del desierto se dedican
con verdadero fanatismo a la cría de estos caballos excepcionales. Y Mahoma,
como buen estratega, comprende muy pronto la importancia de la caballería
ligera para sus propósitos, y convierte la cría de caballos puros en un
deber religioso.
Ahora, el purasangre árabe llevará el Islam hasta Trípoli, conquistará todo
el Magreb, y llegará a España y a Francia hasta Poitiers. En el este,
llegará hasta pasar las orillas del río Indo y conquistará Cachemira. Cuando
el Islam retrocede, el purasangre árabe se queda. Ha cambiado las guerras y
las batallas. Su importancia en la Guerra Santa solamente se podría comparar
con la de las divisiones acorazadas durante la Segunda Guerra Mundial.
Al Khamsa,
las cinco yeguas de Mahoma
Entre las muchas leyendas sobre su origen, hay una que dice que todos los
purasangres árabes descienden de las cinco yeguas preferidas de Mahoma. Hoy,
las opiniones sobre el origen del purasangre árabe son muchas y dispares, y
las más fundadas no se basan en esta leyenda. Pero aún así, no cabe duda de
que las recomendaciones del Profeta, con recompensas en la vida eterna para
los criadores de caballos puros, son las que han lanzado al purasangre árabe
a su actual posición de padre y creador de todas las actuales razas de
caballos ligeros selectos.
La leyenda de las cinco yeguas es una de las clásicas referencias cuando la
literatura árabe habla de los orígenes del caballo árabe puro. El profeta
Mahoma, un día, manda recoger más de cien de entre las mejores yeguas de sus
ejércitos, y las manda encerrar en un corral, construido cerca de un
riachuelo, aguadero conocido por las yeguas y famoso por su agua cristalina
y fresca. Aquí el número mágico de las cien yeguas lo podemos comparar con
el de los cien caballos regalados a Ismael.
Las yeguas, en el encerradero, no disponen de abrevadero ni tienen acceso a
agua alguna. Así los tiene, a pleno sol, durante unos días. Luego el Profeta
manda abrir los portones y las yeguas se lanzan, a todo galope y
relinchando, en dirección del agua. En este preciso momento, Mahoma ordena
tocar la corneta para llamarlas. Para muchas yeguas, la sed es más fuerte
que la obediencia, pero cinco de ellas dan media vuelta antes de beber ni
una sola gota de agua. A pesar de la sed, acatan la señal y vuelven con sus
dueños.
El Profeta las bendice acariciándoles las crines de la frente con su mano y
les da a cada una su nombre : Obayah, Kuhaylah, Saqlauiyah, Hamdaniyah y
Habdah. Son, desde entonces, las cinco yeguas del Profeta, Al Khamsa al
Rasul.
Según Carl Raswan, esta es la leyenda en su versión original. Raswan, un
alemán cuyo apellido de origen es Schmidt, ha vivido diecisiete años en el
desierto arábico con los beduinos Ruala, a principios de este siglo. De
entre sus muchos escritos tenemos que destacar el 'Raswan Index', una obra
en siete tomos, muy técnica, y en la cual resume todos sus conocimientos y
sus creencias referentes al caballo árabe, su origen, su situación actual y
su pureza. El último tomo lo termina tres semanas antes de morir, en 1966.
Aunque se le ha criticado mucho y él mismo siempre ha sido radical y poco
diplomático en muchas de sus afirmaciones, su recopilación de datos
dispersos o difícilmente accesibles es un legado excepcional para la
humanidad. Se esté o no de acuerdo con algunas o con muchas de sus opiniones
siempre tajantes e inapelables, hay que reconocer que Raswan ha dedicado
toda su vida a la descomunal tarea de investigar al caballo árabe.
Estas cinco yeguas son, según Raswan, las originales, las cinco yeguas del
Profeta. Y las llama precisamente así para distinguirlas de otras cinco
yeguas, las cinco hijas del famoso semental de un amigo de Mahoma, Dinari,
que se llaman : Dahmah, Umm-Urkub, Yilfah, Chuwaymah y Muniquiyah. Pero,
reconoce Raswan, los nombres se intercambian a menudo, dependiendo de la
fuente, ya que cada tribu suele incluir las líneas que posee entre las
elegidas por el Profeta. El intercambio más frecuente se da al incluir
Muniquiyah entre las cinco yeguas de Mahoma y meter Habdah entre las de
Dinari. Conocida la aversión de Raswan por las líneas Muniqui, se comprende
que no las haya querido admitir en el reducido grupo de las más importantes.
También hay otras listas, pero en general la distinción se limita a tres
familias, los Kuhaylan, los Saqlaui y los Muniqui, con, eso sí, un montón de
sublíneas derivadas.
Las cinco elegidas son, siguiendo con la leyenda, a partir del famoso día
del toque de corneta, las monturas favoritas de Mahoma y sus fieles
compañeros Alí, Omar, Abu Bakr y Hassan.
Hay otra tradición, más antigua que el Islam, y que ya nos habla de las
famosas cinco yeguas. Rabia al-Khayl cuenta, nueve siglos a.d.C., según los
historiadores, una leyenda que se asemeja mucho a la de las cinco yeguas de
Mahoma, con una piara de yeguas sedientes de las cuales cinco obedecen a la
llamada de su dueño.
Kuhaylan
Los expertos, Raswan incluido, suponen que los antepasados originales de
todos los purasangres árabes son los Kuhaylan, y, a partir de este tronco
único, se van desarrollando todas las líneas. Nadie aporta datos históricos
o documentos para fundamentar esta afirmación, y principalmente, todos se
basan más que nada en la tradición. Incluso el emir Abd el Kader confirma la
existencia de las famosas cinco líneas, pero cuando las analiza se limita
principalmente a tres líneas, y lo mismo ocurre con Raswan.
Las tres líneas principales se distinguen cada una por una característica
peculiar y típica. Kuhaylan es la fuerza, Saqlaui es la belleza y Muniqui es
la velocidad. Luego hay líneas, sublíneas y familias hasta un total de unas
doscientas cuarenta, más o menos según cada autor.
Los Kuhaylan son caballos fuertes, de tipo masculino, con una importante
masa muscular, un dorso y un lomo fuertes y cortos, y tanto el pecho como la
grupa son de buena anchura. El Kuhaylan tiene buen hueso, una espalda
poderosa y una cruz muy musculada. El tercio posterior es imponente. La
cabeza es corta y ancha, y las orejas cortas también. El perfil no es
necesariamente llamativo, ni el cuello exageradamente largo, sobre todo
visto desde la perspectiva de belleza de hoy. Son caballos de montura
ideales, muy resistentes.
Los Hamdani son considerados como la mejor de las líneas próximas al
Kuhaylan. Para muchos, el Hamdani es el mejor caballo del mundo, el caballo
árabe ideal para montar, ya que es el purasangre árabe de mayor alzada. Reza
Pahlevi, el derrocado Shah de Persia recuperó unas antiguas líneas de
caballos árabes en el norte de Irán y estuvo criando durante años unos
árabes de tipo Hamdani a los que llamó 'árabes persas', con alzadas de entre
156 y 162 centímetros, con muy buenas hechuras, con una belleza funcional
extraordinaria y aptos para todo tipo de deportes.
Muchos jinetes opinan que los Hamdani son los mejores entre todos los
purasangres árabes, por su alzada, por sus hechuras, por su agilidad y por
su polivalencia deportiva. Los Hamdani suelen tener una cabeza con perfil
recto o ligeramente cóncavo, ni muy pequeña, ni demasiado grande, ancha y
con unos ojos inteligentes y avispados. La cruz es extraordinaria, las
extremidades son fuertes y están bien aplomadas y musculadas. Los árabes
persas que pudimos ver en un Salon du Cheval, en París, hace ya años, eran
todos del tipo Hamdani y su aspecto era impresionante, verdaderamente
impresionante.
Hoy, lo que en tipo y conformación quizás más se acerca a un buen Hamdani
original es un buen árabe Shagya, una subraza de caballos árabes, procedente
de Hungría, no reconocida como pura internacionalmente, por motivos de
difícil justificación, mezcla de política y de intereses, pero que
seguramente no son ni más ni menos puros que muchos árabes purísimos.
De entre los demás Kuhaylan, los más conocidos son los Hadban, muy similares
a los Kuhaylan, a menudo con algo más de belleza, aunque esto es siempre un
criterio relativo, y los Chawayman y Uadnan, sublíneas más ligeras, con
menos hueso y menos musculatura.
Raswan menciona un total de 126 familias Kuhaylan, de las cuales 105 son de
línea Kuhaylan directa, 4 de sublínea Hamdani, 11 de Hadban, 3 de Chawayman
y otras 3 de Uadnan.
Saqlaui
La belleza, en el purasangre árabe, se llama Saqlaui. Los Saqlaui son de un
tipo femenino, son la belleza ecuestre personificada. Tienen menos hueso que
los Kuhaylan, menos musculatura, pero su elegancia y su belleza expresiva
son insuperables. La cabeza del Saqlaui es preciosa, algo más larga y menos
ancha que la cabeza del Kuhaylan, pero con un perfil muy marcado y unos ojos
impresionantes, grandes y vivos. A menudo el Saqlaui es más alargado que el
Kuhaylan clásico, más compacto, y al mismo tiempo sus orejas, su dorso, su
región lumbar y su cuello suelen ser más largos. La cruz, menos musculada,
resalta más. Su porte de cuello y cola es orgulloso, y su aspecto a menudo
engaña, ya que, aún siendo tan bonito y elegante, sigue siendo un árabe
fuerte y resistente.
Los Obayan son, de entre los Saqlaui, igual de famosos. Tienen un porte y un
nacimiento de cola altísimo, y una espalda impresionante y larga. Son más
largos que los Saqlaui, a menudo un poco ensillados, y a veces les falta un
poco de cruz. Tienen una importante capacidad torácica y una buena
resistencia y son, sobre todo, muy seguros, muy ágiles y con una gran punta
de velocidad.
Los Dahman también son una sublínea de los Saqlaui, aunque podrían
igualmente ser una línea de los Kuhaylan, ya que, por sus características,
son una combinación de estas dos líneas principales. El Dahman es para
muchos el prototipo del caballo árabe ideal, sobre todo por su perfección
morfológica. Fuerza y belleza reunidos, lo tiene todo. Por su belleza, es
casi un Saqlaui, aunque su cabeza es más corta, pero con mucho perfil y muy
ancha. Los ojos son enormes, de gran belleza y profundidad. Por su cuerpo,
es casi tan corto como un Kuhaylan, pero con el cuello, largo, elegante y de
porte majestuoso y con el nacimiento y porte de la cola muy alto también.
De las 66 familias Saqlaui que Raswan nombra, 24 son de línea Saqlaui
directa, otras 24 son de sublínea Obayan, 6 de Dahman, 3 de Milua, 3 de
Muwayi, 2 de Rishan y 4 de Tuwaysan.
Muniqui
Los Muniqui no son puros, dice Raswan, aunque todos los Stud-Books del mundo
los admiten como árabes puros. Según Raswan y algunos otros, los Muniqui
carecen de belleza y de fondo, y son, principalmente, caballos veloces para
distancias relativamente cortas. Son, de entre los árabes, los que más se
parecen a algunos purasangres ingleses de hoy, y para muchos, el purasangre
inglés sería el prototipo del Muniqui.
Más grandes, más largos y más angulosos que lo que solemos considerar como
un purasangre árabe típico, los Muniqui son para muchos puristas un caballo
árabe impuro.
El Muniqui es un caballo largo, longilíneo, y su cabeza, larga y estrecha,
carece de belleza. A primera vista no parece un purasangre árabe, con su
grupa caída y su nacimiento de cola bajo. Su estructura ósea y sus
extremidades suelen ser muy buenos y la extraordinaria calidad de su tercio
posterior es la razón por la cual muchas comisiones de compra europeas han
preferido casi siempre a los Muniqui.
Raswan contesta a esto diciendo que estas comisiones terminaban siempre
comprando Muniqui porque los árabes del desierto no estaban dispuestos a
desprenderse de sus mejores líneas. Son dos explicaciones para un mismo
hecho, aunque es cierto que en muchos países europeos se importaron en su
día cantidad de Muniqui. También es cierto que los franceses, por ejemplo,
buscaban principalmente caballos árabes del tipo de carreras para intentar
crear el purasangre francés y competir con el purasangre inglés.
De entre las 22 familias Muniqui que Raswan enumera 4 familias son de línea
Muniqui directa, 4 son de la sublínea Yilfan, 2 de Abu Urqub, 1 de
Kubayshan, 2 de Mukhallad, 5 de Rabdan, 2 de Sadan y 2 de Samhan.
Tipo y origen
Ahora bien, estas son, según Raswan y otros estudiosos de las tradiciones
árabes, las características de las tres principales líneas de los
purasangres árabes. Pero ahora la pregunta es si estas características las
podemos todavía encontrar en las familias de hoy?
Desde siempre, los beduinos han seguido la tradición de nombrar las familias
por líneas femeninas. El hijo de una yegua Hamdani Simri es un Hamdani
Simri, sea su padre del origen que sea. Y si bien es cierto que en el
desierto la práctica de los cruces incestuosos era bastante frecuente, esto
no garantiza la pureza de origen de una línea en todos los casos. En el
desierto, todos los cruces entre caballos y yeguas de origenes puros estaban
permitidos, y los más frecuentes son los cruces dentro de la misma línea o
entre Kuhaylan y Saqlaui. También se dice que muchos beduinos no solían
entregarle al semental Muniqui yeguas de otras líneas.
Hoy día, sin embargo, y con los datos que tenemos, es imposible detectar,
por sus características externas, la línea original de un purasangre árabe.
Un Muniqui sobre papel puede parecerse a un Kuhaylan en aspecto, y un
Hamdani Simri documentado se puede parecer a un Saqlaui de facto.
Esto no quiere decir que Raswan sea un lunático o que haya exagerado. Carl
Raswan estuvo en el desierto durante diecisiete años, entre las dos guerras
europeas. Viviendo con los beduinos Ruala, hablando su idioma y viajando con
ellos, probablemente ha conocido criadores de líneas puras, probablemente ha
visto Kuhaylan puros de varios generaciones, Saqlaui criados en pureza
total.
Incluso más tarde, en 1959, Judith Forbis, una criadora estadounidense, y la
propietaria de la Yeguada Ansata, ha conocido algunos Muniqui puros en
Turquía.
Hoy, esto ya parece impensable y de poco sirve lamentarse. Todo se mezcla,
en busca del éxito comercial o del prestigio, en busca de la belleza máxima
los unos, de la funcionalidad y/o de la calidad genética los otros. En estas
circunstancias, claro está, el resultado de los cruces es cada vez más
imprevisible, dado que con las mezclas, en cada generación, se va diluyendo
inexorablemente la prepotencia genética. Son las exigencias de nuestro mundo
moderno.
Pero, como la naturaleza es a menudo más inteligente que el ser humano que
interviene para manipularla a su antojo y sin demasiada reflexión, ocurre de
vez en cuando lo que los genetistas llaman un salto genético hacia atrás, un
cruce genial que vuelve a introducir en la raza el vigor y la calidad
auténtica y así evita la degeneración.
Aquí, en España, y en nuestra actualidad, este problema no existe. Tenemos
un número de familias de caballos árabes muy reducido, y por su cría en
consanguinidad relativa, prácticamente sin introducción de sangre ajena
durante decenas de años, la prepotencia genética del purasangre árabe de
España es hoy de entre las más fuertes, seguras y fiables de todo el mundo.
Pero, se preguntará ahora más de uno, sería posible, hoy, con lo que
tenemos, volver a los tipos originales? Probablemente sí. En este sentido,
el trabajo realizado por el Shah de Persia, con su intento y logro de
recrear un 'árabe persa', nos demuestra que es mucho lo que se puede
conseguir. Desgraciadamente, por causas políticas conocidas de todos, no nos
queda ninguna documentación sobre este trabajo, que seguro que ha necesitado
de una impresionante inversión pecuniaria y una severa selección, generación
tras generación, para conseguir un tipo fijado y reproducible genéticamente.
La re-creación del desaparecido Tarpán, una raza de pequeños caballos del
norte y centro de Europa, empezó en 1930 y hoy hay Tarpanes en muchos
zoológicos del mundo. Conociendo las características fundamentales de una
raza, y mientras se disponga del material genético necesario, aunque
desperdigado entre varias sublíneas y familias, es siempre posible, habiendo
medios y tiempo suficiente, recrear una raza perdida. Pero lo ideal sería,
desde luego, evitar que estas se pierdan.
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